-Antonio Rojas Gómez dio a conocer una obra “La vidriera irrespetuosa” que compila creaciones por temas.
Por Daniel Ortiz-Alfaro
El periodista, escritor y socio de la Corporación Cultural Letras Laicas, Antonio Rojas Gómez, presentó el libro “La vidriera irrespetuosa” con una novedosa e inédita antología de cuentos de autores chilenos, estructurada por temas.
La obra fue dada a conocer en una concurrida ceremonia este miércoles 4 de marzo, con las intervenciones de María Eugenia Lorenzini, directora de la Editorial Forja, y Cristian Montes Capó, Doctor en Literatura y profesor de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Chile.
AUTOR
En la ocasión, el autor dio lectura al prólogo que incluyó en su nuevo libro:
Numerosas acepciones tiene la palabra cuento. Entre otras, el cuento del tío, de amplia popularidad y con notables cultores en nuestro país. Por conocido, no merece la pena explicarlo en detalle; baste recordar que es un himno a la viveza, que en Chile goza de más prestigio que la honestidad. Vivarachos hay que han vendido, en más de una ocasión, el Cerro Santa Lucía, la Quinta Normal y esas inmensas jardineras que ornan ciertos paseos peatonales del centro de Santiago. Los cultores de este género no hacen alarde de su talento, prefieren el anonimato, por razones de supervivencia. Se los llama cuenteros.
Los cuentistas son harina de otro costal. Ellos escriben sus historias, las promueven, se desviven por verlas publicadas y persiguen alcanzar un amplio número de lectores. Y, por supuesto, reniegan del anonimato. Sin ninguna vergüenza estampan su firma al pie de sus obras.
De tales sinvergüenzas trata este libro.
Los cuentistas se cobijan bajo el árbol frondoso de la literatura, que es la rama de las bellas artes que utiliza la palabra como materia prima. Y, como en todo arte, la causa primera y última, el gestor y destinatario de los creadores literarios, es el Hombre, ese ser minúsculo en la inmensidad del universo, dueño de un ego tan inconmensurable como el mismo cosmos, que vive cuestionándose, formulándose preguntas y buscando respuestas, pues se siente con derecho a conocerlo todo.
Cuentistas hay muchos en Chile. Los hubo desde que don José Victorino Lastarria impulsó a los jóvenes criollos a tomar en serio las bellas artes, por allá por 1842, para demostrar que aquí también había cultura y genio, y que la espiritualidad chilena era tan valiosa como la argentina, que llegó a sorprendernos con Sarmiento y otros intelectuales exiliados de la dictadura de Rosas.
Desde entonces, se han escrito millares de cuentos en el país. No existe una cifra, ni siquiera aproximada, que rinda cuenta de todos ellos. Pero podemos asegurar que más de un centenar merecen recordarse y dejarían más que satisfecho a Lastarria.
¿Sobre qué tratan los cuentos chilenos? Sobre el Hombre, como ya dijimos. Cada cuento es un intento de respuesta que ofrece el autor a una pregunta que lo conmueve. Siendo así, es inevitable que, de una u otra manera, las temáticas se repitan a lo largo de las generaciones.
Lo que intentamos en esta antología es encontrar respuestas distintas a inquietudes similares. Y eso es lo que diferencia a este libro de tantas antologías como existen de la narrativa breve nacional. Son muchas, y muy buenas, y cumplen con la misión de rescatar obras que no merecen ser olvidadas.
Pero aquí buscamos otra cosa. ¿Cómo enfrentan los mismos temas autores separados en el tiempo por cuarenta, sesenta o cien años? La sociedad es dinámica, cambia de año en año, de mes en mes, acaso de día en día. Pero la inquietud humana permanece, sigue siendo la misma, y la búsqueda es constante pues no existen respuestas únicas, abarcadoras de todas las miradas, de todas las ideas, de todos los sentimientos, que difieren de persona a persona. Cada cual aporta lo suyo. Y pueden existir coincidencias o distancias. Pero la inquietud es enriquecedora. Y creemos que el resultado ilustra acerca de lo que somos, fuimos y seremos los nacidos en esta tierra.
Hemos elegido temas abordados por escritores de ayer y de hoy. El arribismo, los militares, el campo, la identidad, el humor, los lugares, y algunos más. Hay otros, por supuesto, no pretendemos agotarlos. Solo entreabrimos una puerta para que transite y avance nuestra cultura literaria.
Como en cada obra humana, el lector se planteará las preguntas que le estimule la lectura de los cuentos. Y se dará sus propias respuestas. El antologador se limita a poner el material a disposición del lector, y lo único que puede asegurar es que al llegar al final del libro, el lector se sentirá satisfecho, tanto, como si le hubiera comprado el Cerro Santa Lucía o la Quinta Normal a algún anónimo cuentero.

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