junio 13, 2024

CONOCIENDO A MARTÍN FAUNES AMIGO

Por Amelia Donoso.

En esta oportunidad, en este espacio para conocer un poco más en profundidad a los/a integrantes de Letras Laicas, conversamos con el escritor Martín Faunes, escritor, poeta, psicólogo social y maestro, premios Municipal de Santiago, Juegos Literarios Gabriela Mistral 2019, premio de Novela del Consejo Nacional del Libro y la Lectura 1998, premio de Cuento Breve La USACH en 145 Palabras, en dos oportunidades premios del desaparecido Diario La Época, premio del Concurso de Cuentos Revista Paula (primera mención, 2004), y varios otros.

Martín cuéntenos algo de su infancia, dónde creció, estudió. Cómo es su familia de origen y la que usted formó

Nací en Santiago, mis abuelos paternos eran hijos de emigrantes. Mis abuelas, todo lo contrario, una era una profesora talquina, la otra había nacido en Tacna, cuando esa ciudad era chilena. Fui “socio” de mi abuelo paterno, profesor también, poeta y ebanista, él tuvo a su cargo por los años 50 lo literario del diario El Siglo. Le decían “el bachicha de la boina”. En su casa construyó una buhardilla donde alojó y mantuvo escondido al poeta César Godoy Urrutia, líder del PC en la clandestinidad a causa de Gabriel González, ahí había alojado también a Ciro Alegría, autor de EL MUNDO ES ANCHO Y AJENO, exiliado durante unas de las tantas dictaduras peruanas. Él me enseñó a escribir y a contar cuentos, y a adorar las maderas nobles y construir muebles hermosos. Su apellido era Amigo”, pero al parecer, habría sido antes “Amigot”.

Mis padres eran ambos profesores, mi padre de matemáticas, mi madre de castellano. Se conocieron en la Escuela Normal Abelardo Núñez y terminaron sus estudios en el Pedagógico. Mi madre era una mujer muy adelantada sobre la cual o inspirado en ella he escrito varias historias. Mi padre fue director de liceos y de facultades universitarias, le correspondió ser el último rector de la Escuela Normal, la misma donde había comenzado sus estudios profesionales. En ese cargo lo sorprendió el golpe de estado y fue llevado preso al Estadio Chile junto a los directivos de su escuela y de la Universidad Técnica del Estado. Él era masón, pertenecía a la Logia Luz y Esperanza de La Serena. Tuvo una carrera política importante en La Serena, ciudad donde nos fuimos a vivir cuando tenía 4 años. Allí viví hasta que vine a Santiago para estudiar a la universidad y dejé atrás a mis amigos y compañeros, y a bellas compañeras y amigas, pero nunca los olvidé. Pasé en La Serena mi niñez y mi primera juventud etapas que me marcaron tan fuerte que me considero un serenense. De hecho, fui de los fundadores y presidí por varios años la que llamamos Corporación La Serena Dieciséis de Octubre que está ahora a cargo de Casa de Piedra de La Serena, un sitio de memoria. Algo así como la Villa Grimaldi de Santiago.

Hoy estoy casado y vivo con una mujer artista, integrante del Grupo Mazapán desde sus inicios, con quien tenemos un hijo ingeniero, uno músico, y una bióloga especialista en neurociencia, los tres con grado de doctores. Ellos, a su vez nos han premiado con un nieto y tres nietas. Declaro de manera solemne que con ellos y mi mujer somos realmente felices, a pesar de que nada nos ha resultado fácil. De hecho, ella y yo somos y nos consideramos sobrevivientes. 

Mis estudios los realicé en la Escuela Superior Mixta Número Diez de La Serena, Después en el Liceo de Hombres de esa ciudad, Ingeniería en la Universidad Técnica del Estado, de donde “debí salir” a consecuencia del golpe de Estado, Pedagogía en la Universidad de Playa Ancha, y Psicología Social en la USACH. Más otros diplomados relacionados con literatura, guion de cine y pedagogía.

En qué momento observó, se aproximó y finalmente chocó con la creación literaria, tiene referentes de este mundo.

Hay un larga entrevista hecha por la académica Maria Lorenzin, producto de un estudio que ella hizo sobre mi obra, publicada en Espéculo, Revista de estudios literarios, Universidad Complutense de Madrid, 2002[1].

Mi primer maestro, como ya adelanté, fue mi tata, de quien aprendí que si quería contar o escribir algo no podía obligar a la gente a que me escuchara o me leyera, sino ser tan entretenido como para que quisieran escucharme y leerme, él era un viejo entretenido que era capaz de contarnos un cuento inventado en el momento en que, sin perder el hilo, lo iba construyendo en base a las preguntas que íbamos haciéndole.

El segundo, un profesor bastante oportunista que, mientras era su alumno de cuarto básico en la Escuela Superior Mixta Número 10 de La Serena, me escogió, por la buena letra que tenía entonces, junto a otros tres compañeros, como “ayudantes escribanos” de unas historias que ‘descompilábamos’ desde revistas de historietas que él nos traía; lo que equivalía a describir la escena dibujada, y tras un guión, escribir lo que aparecía en los ‘globos’ de diálogo. Las revistas eran de terror y de gánsters. Tras “nuestra escritura”, el señor Milla las retomaba y creaba con ellas radioteatros que con un grupo de actores dramatizaba a las diez de la noche ‘en vivo’ en la Radio ‘La Serena’ de La Serena. ‘Horror en la noche’ se llamaba su programa para gente grande. “Escribí” tantos de esos guiones copiados de revistas que empecé a inventarlos yo mismo escribiéndolos para mis compañeros y amigos con temas más propios de mi edad, aplicando las técnicas orales que había aprendido del tata y otras captadas de aquellos ‘paperback writer’ de las historietas de los 50 y 60.

Después, ya con mucho oficio, en el Liceo de Hombres de La Serena, tuve la suerte de que mi profesor de castellano fuera el poeta y ensayista Alfonso Calderón (Premio Nacional de Literatura de Chile). Él me pulió, me mostró mucha literatura y me enseñó a crear poesía.

Finalmente, ya universitario, descubrí a Cortázar y a Borges y me involucré en los caminos y sendas en círculos y en la locura de las obsesiones. Junto a Rayuela de Cortázar, conservé siempre alguna edición donde apareciera de Borges ‘Funes el memorioso’, capaz, si existió ese tal Funes obsesivo pudo haber sido alguno de mis parientes. Por qué no. Aprendí también mucho de Rulfo y de su Llano en llamas. Rulfo, es una prueba inequívoca de que se puede narrar a los marginados sin olvidarse de la belleza y sin caer en textos obvios ni panfletarios. De Jorge Teillier aprendí a soñar con lugares recursivos y con la recursividad del amor y del placer. De Teillier saqué también eso de soñar en medio de los sueños. De muertes y maravillas es un libro maravilloso que debiera ser de lectura obligatoria, aunque con esto vaya a contradecirme con ideas que expondré más adelante.

En cuanto a la no ficción, género que con mucho amor cultivo, mi maestra fue y es la historiadora María Angélica Illanes Olave, quien ha sido desde muchos ángulos la responsable por el contexto histórico de lo que en este campo he realizado. Con ella creamos el Colectivo de Arte “Las historias que podemos contar” que nos ha permitido editar 5 libros de no ficción sobre memoria histórica, que fueron hechos en base a una página web vigente desde más menos 1997[2], con uno ellos hecho en Venezuela hace unos 20 años. Ellos quisieron hacerlo con el propósito de que por allá se conociera en lo profundo qué es una dictadura, y cuál es el daño que produce en la gente.

Cuándo nace su primer libro y cuántos a la fecha han sido publicados. Tiene algún elemento que cruza su creación.

Nace tardíamente, porque previo a la dictadura, me comprometí con la lucha por la dignidad y después por aquella de la resistencia. Pero, aunque nunca dejé de escribir no se podía publicar sino sólo literatura light, y lo mío no es ni será light. Así pues, tras empezar a aparecer en antologías por premios ganados y en revistas y diarios contestatarios, mi primera publicación la realizó Editorial Cuarto Propio y data de 1992, se llamó Tranvía Equivocado. Este libro lo dediqué a la escritora y dramaturga Isidora Aguirre que fue también una de mis maestras, y me avergüenzo de no haberla mencionado antes. Tranvía Equivocado es un conjunto de cuentos donde se destaca el premiado “Urracas y Zorzales”, que fue elogiado ampliamente, en especial por el crítico Ignacio Valente, una persona de marcada tendencia a la derecha, que a pesar de eso lo nombró entre los mejores cuentos de ese año a pesar de que es la historia de un médico de aquellos que la dictadura tenía para mantener vivos a quienes se torturaba para así tener la oportunidad de sacarles más información, y tras morírsele un “paciente”, paga por una prostituta infantil para abstraerse de ese episodio.  Ese cuento fue dedicado a María Cristina López Stewart, quien está desaparecida y fue mi jefa antes del golpe y después durante la resistencia.

Dicho todo esto, he publicado unos 15 libros entre ficción y no ficción.

Usted señala que los escritores son historiadores informales, puede profundizar en esto

Los escritores y los artistas en general, vivimos en una sociedad de la que no somos ajenos, y querámoslo o no, lo que en ella esté sucediendo, de muchas maneras permeabilizará nuestra creación. De hecho, sin que se menosprecie el valor de los historiadores, se sabe más de la sociedad ibérica en tiempos del Quijote, gracias mayormente a Cervantes que a los historiadores que allí entonces habría. Así mismo, por los escritores rusos se conoce cómo era y funcionaba la Rusia de los zares, y tal vez, sin Picasso y su Guernica, no podríamos siquiera imaginarnos cómo fue es cruel bombardeo sobre la sociedad civil de ese pueblo del País Vasco. Así también, en nuestro país, una gran parte de lo que se sabe de cómo fue nuestra vida y qué pasaba durante la dictadura aparece en los informes Rettig y Valech, pero en ellos, así como en los tratados históricos, hay nombres, fechas y cifras, pero no sentimientos. Los sentimientos los han puesto los artistas que lo hemos observado de manera directa o indirecta. En Las historias que podemos contar, que se llama “podemos contar”, es porque fuimos en algunos casos testigos o investigamos a quienes lo fueron, y al final de cada historia citamos lo que al respecto publicaron Rettig o Valech. Pero lo digo mencionando en nuestro caso a la dictadura porque es el fenómeno social más importante de nuestra contemporaneidad. Haciendo notar que si un artista hubiera vivido el incendio de Valparaíso, éste no le sería indiferente y es probable que algo de ello saldría por ahí en su obra, y sólo por mencionar cosas duras, pero también otras más simples ya sea bellas o ingratas permeabilizan nuestro arte.  Somos por lo tanto historiadores informales de nuestra contemporaneidad. 

Martín, qué significa ser un libre pensador

Sesuda pregunta. Diré sólo que es quien no acepta por respeto, tradición u otros, una presunta verdad que es “presunta” porque no está comprobada, sobre todo si ella intenta orientar hacia algún modo de vida sustentado por dogmas o verdades reveladas ya sea que hayan sido expuestas por personas comunes o seres sobrenaturales. El libre pensador adherirá a sólo aquello que pueda ser comprobado, aceptándolo en el ejercicio de su libertad de pensamiento.

Si se piensa o cree que la literatura tiene algún desafío, cuál o cuáles serían éstos.

Desde el punto de vista del lector o del espectador, se debe considerar que, a literatura, así como en el caso de todas las artes, ellas no han sido ni serán realizadas para masoquistas. Nadie puede pretender por eso, que porque se pinte un cuadro o se escriba un poema o porque quien nos lea sea un amigo, lo hecho por nosotros va a ser obligadamente leído. En el caso de la literatura, si el primer párrafo de un cuento nos es suficiente bueno y no despierta el interés del lector, éste irremediablemente lo abandonará y no debiera tener ningún escrúpulo de hacerlo. En el caso de una novela, si a la mitad del primer capítulo al lector no lo convence éste abandonará el libro. Y punto. Dicho esto, el desafío de la literatura entonces, más allá del I.V.A del libro, el costo de las imprentas, la mezquindad de los editores y la de los dueños de librerías, los cuales son efecto desafíos, el desafío más grande e importante de literatura, por ende de los escritores, es lograr que sus vísceras se unan a las del lector desde los primeros renglones de su obra emocionándolo. En otras palabras, hay que ganarse al lector.


[1] https://fac.flinders.edu.au/dspace/api/core/bitstreams/1dd7242e-9807-4ff6-9bfa-904504ae75ab/content

[2] https://www.lashistoriasquepodemoscontar.cl/

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