Por César Biernay Arriagada
La literatura chilena de los noventa se vistió de overol, guantes y calamorros con la obra de Hernán Rivera Letelier. Libros como “La reina Isabel cantaba rancheras”, “Fatamorgana de amor con banda de música” o “Santa María de las flores negras”, transportaron a los lectores a escondidas minas salitreras, explorando lugares fascinantes del desierto chileno, tales como sus pabellones de obreros, cementerios con flores de metal y oscuros boliches clandestinos.
El trabajo desarrollado por este afamado escritor nacional, lo llevó a encumbrarse en lo más alto de las letras chilenas, llegando no solo a que sus libros sean considerados lectura obligatoria en la enseñanza media, sino que, por su talento y dedicación, Hernán Rivera Letelier fue distinguido recientemente con el Premio Nacional de Literatura.
Sin embargo, pareciera que no hubo recambio en esa posta. Otras y otros literatos emergieron con sus narraciones, brindando un sinfín de títulos de autoayuda, poesía y ficciones, dejando un vacío a los amantes de la novela, que sitúa a los protagonistas en la pampa nortina. Pero bajo los auspicios del Gobierno Regional de Atacama en su división de actividades de cultura, la oferta bibliográfica nacional se enorgullece al presentar la obra de la maestra y escritora Ximena Bazaes Palleres.
“Cuentos mineros, patrimonio de Atacama” (Editorial Contra Huella, 2021) ofrece al lector un amplio abanico de cuentos sobre la vida del minero, del inacabable desierto y sus solitarias noches. En formato de bolsillo e ilustrado con maravillosos bocetos, la obra constituye la opera prima de Ximena, que con su sensibilidad, destreza en la pluma y profunda capacidad de análisis, narra episodios históricos del desierto chileno, con sucesos que no salen en los libros de historia pero que han escrito con sangre y fuego la evolución de la tierra nortina.
“El bazar de calle Maipú”, “Y si Dios me castiga” o “El pago de Chile”, son algunos de los relatos del libro, que magistralmente nos adentra ante las soledades de la pampa minera, su gente y su historia. Valga la aclaración, que Ximena Bazaes no confunde al lector, mezclando la ficción con la crónica, sino que desde los hechos que han marcado al norte grande y chico, fluye la inspiración creativa de esta talentosa escritora, iquiqueña de nacimiento, vallenarina de corazón.
“Chinos, mineros y pampinos en el desierto de Atacama” (2025) ofrece nuevos sucesos ambientados en el norte de Chile. Al hojear el tomo y leer sus relatos, el lector parece encandilarse con el sol de mediodía en la seca planicie precordillerana, sofocarse con el calor de la llanura y agotarse con la pala y la picota del minero del salitre. También se narra la bohemia del nortino, con sus chuicos, jarras y damajuanas, junto al tañer de las cuecas y las hermosas pampinas en sus quehaceres de madre, hija y obrera. Por si fueran pocos los pergaminos de Ximena, su trayectoria como educadora se vuelca también hacia el papel, contando didácticamente la historia del pueblo minero, cautivando a grandes y chicos con sus sabrosos relatos.
Así, con la publicación de estas obras, Ximena Bazaes da continuidad a la posta de la narrativa norteña, con un estilo propio, cuidadoso y cautivador, enigmático y pulcro. Sin duda, apunta con energía y vigor a los laureles de sus antecesores. Decretado.

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