noviembre 4, 2026

“LA INQUIETUD APACIBLE. CRÓNICAS PERSONALES” DE JUAN CAMERON

-Periodista, escritor y crítico literario Antonio Rojas Gómez comenta obra del reconocido poeta, ambos socios de la Corporación Cultural Letras Laicas.

Por Antonio Rojas Gómez

“Lo he leído conmovida, porque veo reflejada allí no solo una parte de la historia de Chile, que hemos compartido, sino la secuencia y consecuencia de las vidas que nos desarmaron y como resistimos con el arte, la poesía y la solidaridad de quienes formaron parte de esta migración humana, interior o exterior, por la geografía que se expandió y de la cual fuimos piezas de un rompecabezas bombardeado, que lamentablemente nos obligó a acostumbrarnos a ser otros, a separarnos y a desconfiar de nuestras propias sombras”.

Transcribo el comienzo del prólogo, escrito por Lila Calderón, también poeta, como Cameron, por lo que puede interpretar, mejor que nadie, el sentido de estas crónicas y de los poemas que las acompañan. En realidad es un libro conmovedor porque refleja, de corazón, sentimientos profundos de creadores jóvenes, que en el principio de sus vidas vieron atrofiados sueños, esperanzas y anhelos de una vida mejor, que permitiera a todas las personas alcanzar un desarrollo completo que los acercara a la felicidad. Acaso no la hubieran alcanzado, pero tal vez sí. Era, al menos, una posibilidad que les fue negada y cambió el horizonte y el destino de sus vidas. 

“Soy un tipo feliz; muy feliz -escribe Juan Cameron cuando habla “Sobre el dolor” (Pág. 21). Si quisiera exagerar podría presentarme como un sobreviviente del pabellón de los suicidas. Pero no es así. Me piden escribir sobre el dolor, mas este no existe. Son instantes nada más, sensaciones producidas por un hecho exterior, por otros. Tampoco existe el arrepentimiento ni el perdón, pues ambos continúan ad eternum.”

Después de esta crónica, viene un poema: “Los niños de Hamelin”. Veamos algunos versos:

“Debemos hablar acerca de los niños de Hamelin,

 Seguir sus rastros    auscultar las montañas

Si estas no vienen a nosotros.

Aclaremos;

O el flautista estaba a su servicio

O los ratones fueron el pretexto

Para fondear una generación desambientada

(futuros habitantes de café

Poetas   seres improductivos)

O ambas cosas.

Debemos releer nuestras historias

Invitar a todos los niños del vecindario

Hasta el libro negro donde consta el desfalco

A la ciudad de Hamelin.

Entiendo que en los textos precedentes, tanto la crónica como el poema, se apreciará con claridad la intención del autor, presente en el libro completo, al reunir su muy buena prosa con la excelencia de su poesía, que le es reconocida en Chile y más allá. No es posible revisar cada crónica del libro ni todos los versos que incluye. Es un libro para leer con detenimiento, para saborear un excelente idioma y sumirse en un mundo que pudo haber sido y no fue. Para llegar al corazón de un poeta sensible, de los más reconocidos universalmente que escriben y publican hoy en Chile. Un libro para disfrutar en silencio y revisar muchas veces. Porque siempre el lector encontrará visiones e imágenes que enriquecen. Y al cerrar este comentario no puedo dejar de transcribir un poema ya clásico del autor. Está en la página 39:

Cachorro

Perdonad el pelaje descastado

Este brillo es de tanto restregarme

De la baba  la rabia  la patada

Perdonad el mordisco por la espalda

Es mi ternura agreste  solapada

(pero ternura al fin, única mía)

En verdad salí cachorro

En la calle me hice perro.

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