septiembre 4, 2026

UN CIENTÍFICO QUE MUTÓ A ESCRITOR CONCIENTE DE SU SENSIBLE DIGNIDAD HUMANA

-Un profundo y sincero análisis de la obra “Cita para un epílogo” de Heriberto Fernández Jaramillo del periodista y crítico literario Antonio Rojas Gómez. 

Por Daniel Ortiz-Alfaro

El periodista y crítico literario Antonio Rojas Gómez sostuvo que el libro Cita para un epílogo”, de Heriberto Fernández Jaramillo,revela que un connotado científico puede transformarse también en un hacedor de la palabra en que prospere la conciencia de una sensible dignidad humana.

La afirmación la hizo al presentar la obra de Fernández Jaramillo -cofundador de la Corporación Cultural Letras Laicas-, en una concurrida reunión efectuada en un céntrico establecimiento de Santiago.

Heriberto Fernández Jaramillo es Doctor en Microbiología y miembro del Consejo de la Gran Logia de Chile.

La introducción del acto la hizo el presidente de la organización de escritoras y escritores librepensadores, escritor Roberto Rivera Vicencio.

Rojas Gómez, en su disertación, principió explicando que el protagonista de este libro -o de varios de sus cuentos- se llama Hugo Amargos y es poeta.

Luego, argumentó en su análisis:

Menuda coincidencia con el autor -Heriberto Fernández Jaramillo-, quien en sus años de adolescencia escribía poesías que firmaba como Hugo Amargos.

En aquellos tempranos días ganó un concurso en su colegio, que lo marcó para siempre. De manera que, aun cuando dejó de escribirlas, continuó leyendo poesías y disfrutándolas y compartiendo ese deleite con sus alumnos a los que debía enseñar algo muy diferente: los secretos de las bacterias, porque Heriberto eligió ser científico.

Y continuó:

Pero el que nace poeta, nunca deja de serlo. Así que Hugo Amargos renace en este libro, el primero de Heriberto Fernández Jaramillo, transformado ahora en cuentista, para entregarnos sus vivencias en el mundo de la investigación científica, de la vida campesina, del amor, el estudio, la amistad y hasta la cocina; porque es posible ser cuentista, poeta, científico, profesor, amigo de sus amigos y a la vez buen cocinero.    

UN SER HUMANO INTEGRAL

Antonio Rojas Gómez -también destacado integrante de Letras Laicas- fue especialmente atinado al añadir:

Si alguien lo duda, los cuentos de Heriberto Fernández lo muestran de cuerpo entero, en sus variados intereses vitales, aparentemente diversos y aun contrapuestos, pero unificados en la conquista de la libertad, que es propia del hombre consciente de su dignidad.

Lo que nos entrega entonces Heriberto, a través de su personaje Hugo Amargos, es la dignidad de la vida humana reflejada en pequeñas anécdotas que todos hemos vivido en alguna ocasión, por lo que nos llegan con fuerza y entusiasmo, y nos permiten meditar en nuestras propias experiencias y sentirnos vivos, sólidamente vivos y enriquecidos.

Pero ¿por qué razón el poeta Hugo Amargos -o Heriberto Fernández- decidió retomar la pluma, ahora para escribir cuentos? La respuesta la encontramos en el primer relato, que da título al conjunto.

El prorrector de la universidad cita al profesor Fernández para notificarle que, después de cuarenta y siete años de docencia, ya no resulta útil a la corporación, por lo que debe presentar su renuncia.                  

En el científico Fernández resurge entonces el sentimiento del poeta y busca, en la narración del episodio que lo ha destrozado, la única forma que le parece posible para recuperar su entereza, su fuerza y su libertad.

En dos palabras: Su dignidad, que ha sentido mancillada sin razón.

Y ese primer cuento les abre la puerta a otros, en los que el autor va volcando sus vivencias, desde los antiguos tiempos de su padre y de su abuelo, de sus estudios de doctorado en Brasil, de sus clases en Argentina, de dos únicos besos de amor, y de la gente con la que ha compartido la existencia en las tierras del sur de Chile y con  la que se siente hermanado en sus dolores y en los éxitos reservados a quienes, como él, han sido capaces de trepar las sendas escarpadas que conducen a la plena realización personal.      

Heriberto Fernández autografiando su libro.

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