Por César Biernay Arriagada
El 18 de octubre del 2024 cumplí 48 años. Mi familia planificó un encuentro a lo grande, con cóctel, cena y bailoteo. Pero me negué a tales festejos por una razón poderosa: mi fecha de cumpleaños coincidía con el encuentro de escritores en Caldera. Así, tras un muñequeo donde yo argumentaba mi interés por subirme al avión y mi familia me agarraba desde las maletas, primó el sano fundamento que todo festejado es quien decide donde estar. Y fue así como esa mañana, donde el sol cerró un ciclo y comenzó otro, me encontré entre olas y desiertos, en compañía de escritores copiapinos.
Lejos de mis hijos, esposa y hermanos, aquella mañana visité un modesto liceo costero, con la responsabilidad de exponer a los jóvenes de enseñanza media mi oficio de escritor. Con dos narradores de la región compartiendo testera, conté mis motivaciones y métodos, poniendo mi mejor empeño por cautivar a la audiencia. Pero esa mañana, a pesar de mi voluntad, y en extraña contradicción, mi cuerpo estaba en la sala de clases y mi mente en el hogar, con los míos.
De súbito, sin presentirlo, desde la izquierda me jalan sutilmente la manga. Al girar, veo a mi contertulio Maguín, que bajo una mirada cómplice me dice en voz baja “feliz cumpleaños”. Acto seguido y con una sonrisa en los labios, me acercó un ejemplar dedicado de su libro “Con olor a tinta de imprenta”.
Maguín Carvajal Cortés es periodista y licenciado en comunicación social. Ovallino de nacimiento y copiapino de corazón, en aquella ciudad minera ha trabajado para el diario “Atacama”, “El Pampino” y “Chañarcillo”. Además, fue director de la radio Juan Godoy y participó en otras emisoras como “Aniversario”, “Nostálgica” y “Amancay”. Y precisamente este perfil profesional, llevó a Maguín a investigar la historia de la prensa escrita en Copiapó, desde la aparición del diario “El Copiapino” en 1845 hasta 1999, fecha en que un incendio destruyó los talleres del diario “Atacama”.
La obra obsequiada no solo rescata las noticas emblemáticas de más de un siglo de reporteos regionales, sino la impronta de periodistas, talleristas, fotográfos y la más variopinta fauna de obreros de la prensa atacameña. Feliz, con mi libro bajo la brazo, regresé a la capital, con esta obra maravillosa, que tiene el logro de condensar en pocas hojas, miles de páginas publicadas en los rotativos de imprenta de la ciudad.
Tal como alguna vez lo afirmó el escritor norteamericano Mark Twain “la historia no se repite, pero rima”, el 18 de octubre de este 2025, postergué el soplido de velas para participar del nuevo encuentro de escritores en Caldera. Y allí estaba yo, otra vez, un año más viejo, en la sede el Centro Cultural Mario Zapata Varas, junto a una decena de niños y niñas, acompañados por sus padres y abuelos, en el acto de premiación del concurso literario organizado en el marco del encuentro.
Tras la lectura de relatos, poemas y crónicas, le siguieron la entrega de diplomas, los aplausos y las fotos, en una mañana decorada por las risas de los pequeños y la emoción de sus familiares. Y nuevamente, de súbito, sin presentirlo, desde la izquierda me jalan sutilmente la manga. Al girar veo, nuevamente, y un año más viejo, a mi contertulio Maguín, que bajo una mirada cómplice me dice en voz baja “feliz cumpleaños”. Acto seguido y con la misma sonrisa en sus labios, me acercó un ejemplar dedicado de su libro “Crónicas del ayer para gente de hoy”.
Se trataba de un nuevo rescate patrimonial, esta vez del escritor, periodista e investigador Medardo Cano Godoy, quien no tuvo la posibilidad de plasmar en un libro su extenso trabajo cultural. Esta publicación, constituye así un reconocimiento póstumo a su trabajo, representando con ello el agradecimiento de la gente atacameña al trabajo y pasión de este hijo de Caldera, nacido en el lejano año de 1920.
– ¡Gracias querido Maguín! Me sorprendiste nuevamente- dije agradecido a mi colega copiapino.
– Espero te guste el regalo- me respondió Maguín – digo mal… estoy seguro que te gustará el regalo.
– Ya lo creo… en pocas horas regreso a la capital… así que me viene de perilla esta lectura para el viaje.
– Yo me quedo aquí, trabajando un nuevo proyecto narrativo.
– Me encantará recibir un ejemplar de tu nuevo libro el próximo 18 de octubre… si es que estamos vivos.
– Así sea querido César.
– Así será querido Maguín… dale mis saludos al Tío Pepe.
– En tu nombre.
Desde la ventana del avión veo el cerro Copiapó, rodeado de olas que revientan a sus pies. Las nubes van blanqueando el paisaje hasta ofrecer un colchón de algodones, iluminado con los últimos rayos de aquel sol primaveral. Me entrego a la lectura del nuevo libro de Maguín, reconociendo en su pluma y en su trabajo investigativo, la nobleza del escritor que redacta el pasado que se fue, con el anhelo del promisorio futuro que se aproxima.
Pensar en un mejor mañana implica mirar hacia el pasado, con sus aciertos y lecciones, para construir juntos una mejor sociedad. El próximo año cumpliré cincuenta primaveras. No tengo claridad de cómo lo celebraré, donde y con quién, pero de una cosa estoy seguro: cuento los días para volver a Copiapó y sentir un tirón en la manga.


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