-Se trata de la obra “Ruta desconocida” comentada en la actividad Presentaciones Cruzadas de la Corporación Letras Laica.
El escritor Benedicto Cerdá optó por situar su pueblo natal, Alhué, -tierra de brujerías-, como escenario desde el cual narra variados episodios y entretenidas anécdotas en su nueva otra “Ruta desconocida”, que fue comentada en la última actividad denominada Presentaciones Cruzadas de la Corporación Cultural Letras Laicas.
Ese quehacer literario interactivo se efectuó en el Café Literario Parque Bustamante, dependiente del Sistema de Bibliotecas de la Municipalidad de Providencia, cuya encargada es Ana María Valdivia Silva.
La coordinación general estuvo a cargo del escritor y Director de Extensión de Letras Laicas, César Biernay Arriagada.
En la oportunidad, el periodista y escritor Daniel Ortiz-Alfaro comentó el libro “Ruta desconocida” de Benedicto Cerda y éste hizo lo mismo con la obra “Destino: Última parada” del primero.
Luego, el escritor Manuel Romo Sánchez se refirió al libro “Recuerdo. Nuestra luz herida”, de Gonzalo Villar Bordones, tras lo cual éste último comentó el trabajo “Francisco Bilbao, el masón” del Romo Sánchez.
COMENTARIO DE “RUTA DESCONOCIDA”
En su intervención, Daniel Ortiz-Alfaro expuso:
En los tiempos que corren, es posible constatar que la literatura sigue siendo un quehacer que atrae y convoca en cualquier lugar de Chile.
Benedicto Cerdà, ideó fijar a Alhué como epicentro de su nueva novela “Ruta desconocida”, su raíz originaria que ha venido regando desde siempre, pudiendo cultivar un árbol creativo desde el que ha ido haciendo crecer un tronco para, mirándolo desde sus sentimientos, ha fecundado en follajes.
Las verdes plantas pueden crecer a gran altura, ramificándose a gran altura del suelo, ese mismo que otrora sirvió como locación para los inocentes juegos infantiles y luego, adolescentes, punto para elevarse, catapultar sueños y. en el caso del autor, abrir alas y terminar transformándose en un trashumante de destinos impensados.
Está nítido que los árboles son esenciales para el planeta, pues producen oxígeno, absorben dióxido de carbono, purifican el aire, conservan la biodiversidad y ayudan a regular el clima.
MARCEL RYAN HERMOSILLA, EL PROTAGONISTA
El comentario prosiguió:
La prolífica creación hizo que en 132 páginas le transfiriera la bandera a Marcel Ryan Hermosilla como el protagonista de un abundante recorrido de narraciones que, con abrumadores detalles, holla episodios, momentos, dolores, felicidades y anécdotas, que como heredero, lo hiciera admitir, a ese tal Marcel que:
Abrimos comillas:
“Me sentía feliz, viendo cómo jugaban las gaviotas entre las olas buscando y peleando por su alimento”.
Cierre de comillas.
Quizás es atingente, antes de seguir, que el personaje ficticio es, por sobre todo, un irresoluto cachondo.
Seguimos.
Ante la imposibilidad de contar todos los hechos en una situación lineal, y en una sucesión de hechos, ocupa su pluma para amenizar episodios seductores en que, incluso, invita a entonar canciones en que huele a peligro o estoy borracho y loco, así como hacernos escuchar siniestras cadenas que se arrastran, puertas y ventanas que se cierran sin explicación. Es la brujería de Alhué.
En su fecundo derrame de frases y párrafos, Cerdà, cito: “Rompe las distinciones entre lo real y lo imaginario en el entendido que la ficción imita no la realidad, sino la verdad”. Ahí termina la mención hecha sobre la obra por el poeta chileno Rodrigo Verdugo Pizarro.
Empero, debemos dar contexto.
Alhué es una comuna de la zona central de Chile, ubicada en la provincia de Melipilla, en la Región Metropolitana, a 135 kilómetros al sur de Santiago.
Se emplaza en un valle rodeado de cerros que forman parte de la Cordillera de la Costa y del Cordón Altos de Cantillana.
Creencias muy antiguas señalan que el diablo nació en Alhué y que enamora mujeres hermosas.
Alhué, en lengua mapuche, significa «lugar de los espíritus». Cristina Miranda escribió la refalosa «Diablito de Talamí» y que empieza así: «Dicen que el diablo nació entre Pichi y Talamí», lugares de alrededor de Alhué, que musicalizó la folclorista Margot Loyola.
Por ahí habría que perfilar las raíces creativas literarias del autor, que tiene un profundo vínculo sentimental con esa localidad, porque nació en ese lugar, al igual que su familia, y siempre ha procurado ayudar a su pueblo de origen en lo que más puede.
Y lo hace propalando un libro que ya ha sido recibido con orgullo por sus coterráneos.
Finalmente, -porque somos muy locuaz y no queremos aburrir más-, retomamos el leitmotiv.
Nosotros somos originarios del Norte Grande de esta franja tan linda de la América Latina y los árboles son parte de nuestra Madre Tierra, por lo que creemos que en ellos podemos encontrar a espíritus de nuestros ancestros.
Nuestros pimientos y tamarugos, desde el otro lado de la Patria, saben que en Alhué están para Benedicto Cerdá las raíces se los árboles originarios que él jamás olvidará, incluyendo historias de brujerías.
Tanto, que Marcel no tiene la menor duda que en el pueblo es posible ver caballos trotando al revés.
Esa fantástica representación, que sólo sucede en Alhué, nunca se sabrá si es verdadera.
Lo que sí podemos asegurar es que en la creatividad literaria del autor quedan muchos más recursos para que los lectores se sorprendan con ríos de un ingenio que sólo él ha demostrado en su larga lista de libros publicados.
Ahora y para terminar, saludamos con cariño fraternal a nuestro amigo Benedicto Cerdá y le imploramos a Tata Inti que le vaya lindo con “Ruta desconocida”.

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